170 veces se apagó el sistema que evita choques de trenes: nadie vio la cuenta hasta Urda
El LZB falló en al menos 170 ocasiones este año, casi una vez cada dos días. El choque de Urda dejó 69 muertos confirmados y un duelo que va a durar años.

Hay un dispositivo en las vías españolas cuya única tarea es impedir que dos trenes coincidan en el mismo punto. Se llama LZB. Según el ministro de Transportes, Óscar Puente, quedó fuera de servicio en al menos 170 ocasiones en lo que va del año. Casi una vez cada dos días.
Ese número cambia la forma de leer lo que pasó en Urda, Toledo. Una falla que se repite con esa frecuencia ya no es un accidente de la técnica: es un hábito de la red. Un sistema que se apaga cada dos días deja de ser una barrera y pasa a ser una esperanza. Y viajar protegido por una esperanza no es lo que cualquiera cree que compra con el pasaje.
La pregunta que el dato deja abierta es cuántas de esas caídas ocurrieron en líneas por las que circulan trenes de pasajeros. Hasta ahora nadie la contestó, y es la que mide cuánta gente viajó sin la protección que creía tener.
Lo que sí está contado es el costo de que el sistema falle una vez cuando importa. La Justicia confirmó 69 fallecimientos y contabiliza 67 denuncias por personas no localizadas. Los peritos tienen 31 bolsas con restos parciales, que hay que identificar una por una. El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, advirtió que la cifra final podría subir. Cada bolsa es una familia que todavía no sabe.
En el vagón 8 viajaba Almudena, una joven sevillana. Un guardia civil, Salvador, contó que él y sus compañeros tardaron más de una hora en sacarla, arrastrándose dentro del tren volcado. Ella sobrevivió porque los rescatistas llegaron rápido y trabajaron coordinados. Pero ese rescate heroico ocurre después de la falla. El sistema de seguridad existe para que nadie tenga que arrastrarse por un vagón.
La tragedia también se midió afuera de las vías. En Urda, decenas de vecinos siguieron la misa por las víctimas desde la calle, porque el templo no alcanzó. El arzobispo de Toledo leyó un mensaje del Papa. Un pueblo de Castilla-La Mancha quedó con más muertos que lugares en la iglesia.
Y el daño sigue cuando se apagan las cámaras. Las autoridades sanitarias de Castilla-La Mancha organizan contención psicológica para los familiares de los fallecidos y heridos. Ese acompañamiento suele extenderse durante meses, mucho después de que el accidente deja de ocupar titulares. Sin ayuda, muchas personas que pierden a un ser querido de esta manera desarrollan cuadros de duelo complicado.
La conversación pública se fue para otro lado. Un dirigente de Vox atribuyó la responsabilidad a Puente y a Pedro Sánchez. El PP pidió al presidente que no publique recomendaciones en redes durante el luto. El BNG dijo que el ministro tiene los días contados. Son discusiones sobre quién responde, y ninguna toca la que importa para quien sube a un tren mañana: por qué un sistema de seguridad estuvo apagado 170 veces sin que eso detuviera nada.
El cruce es este: la salud de los sobrevivientes y de las familias se va a medir en años, y la causa técnica que la originó se midió en días de servicio perdido. Una cifra de mantenimiento, un contador de averías, tenía la advertencia escrita meses antes. Lo que se rompe en silencio no hace ruido en ningún portal hasta que alguien tiene que identificar 31 bolsas.
Para quien viaja en tren, la utilidad práctica es concreta. Un sistema de seguridad se evalúa por cuántas veces deja de funcionar, no por cuántas funcionó cuando nadie lo necesitaba. Ese número, el de las caídas, es el que cualquier red ferroviaria debería publicar.
“Un sistema de seguridad no se mide por las veces que funciona, sino por las que se apaga sin que nadie lo note: en Urda, esa cuenta fueron 170 averías y 69 muertos.”
