Mil empleados de ITTI suspendidos: el costo argentino del colapso de Ueno Bank
El banco paraguayo intervenido dejó a casi 3 millones de clientes sin ahorros y ya golpea acá: suspensiones sin goce de sueldo y más de 900 despidos sin indemnización.

El jueves empezó con una renuncia presidencial en Paraguay y terminó con una cifra que casi nadie puso en el centro: mil empleados de ITTI en Argentina suspendidos por 30 días sin goce de sueldo. La causa es el colapso de Ueno Bank, un banco digital que el Banco Central de Paraguay intervino después de que cayera por debajo de los mínimos legales de solvencia.
Del lado paraguayo, la escala es enorme: casi 3 millones de clientes, 2,9 millones según el recuento más preciso, quedaron con sus ahorros congelados en una entidad que operaba casi por completo en el celular. La investigación habla de préstamos a empresas vinculadas con los propios accionistas, irregularidades contables y fondos públicos comprometidos. Santiago Peña, que había sido accionista del banco, renunció dos días después de la intervención, cuando el Partido Colorado le retiró el respaldo y Diputados debatía un juicio político.
Pero ese es el relato que cualquiera ya escuchó. Lo que cambia la lectura es el segundo frente, el argentino. Más de 900 trabajadores de Ueno Bank en el país quedaron en la calle sin cobrar la indemnización ni el sueldo del último mes. Y a ellos se suman los mil de ITTI, suspendidos por el mismo colapso. Son dos grupos de personas distintos, de dos empresas distintas, atados por una misma caída.
El dato de los empleados es lo que vuelve concreto algo que suena lejano. Un banco que fracasa en Asunción no se queda en Asunción: arrastra a quienes trabajaban para él y para las firmas que dependían de él, a quienes ni siquiera eran clientes ni ahorristas. Su pérdida no figura en ningún balance que los proteja, porque la plata que les corresponde no aparece en ninguna cuenta que alguien esté custodiando.
La cronología de las alertas agrega una capa incómoda. Los cuestionamientos a los balances de la entidad empezaron meses antes de la intervención, y un diálogo divulgado muestra que el vicepresidente Pedro Alliana advirtió a Peña sobre el banco antes de que el caso fuera público. Las señales existían, y existían en la cima del gobierno. El crecimiento de Ueno se apoyó en cambios legales que le permitieron escalar rápido y manejar fondos de distintas carteras públicas.
La investigación académica local sobre finanzas aporta una vara de comparación útil. Una tesis de la Universidad Nacional de Córdoba de 2026 estudió cómo una compañía financiera con 2 millones de clientes automatizó la clasificación de sus deudores y redujo el control a 5 minutos. La lección de fondo es que un sistema financiero puede vigilar a millones de clientes en minutos si quiere y tiene las reglas claras. En Ueno, los préstamos a empresas de los propios accionistas pasaron inadvertidos hasta que fue tarde.
Para quien trabaja en una empresa que depende de un solo cliente o de un solo banco, la enseñanza es directa. La fragilidad de un eslabón lejano llega hasta el recibo de sueldo. Hoy son mil suspendidos y más de novecientos sin indemnización, personas con nombre y alquiler que pagar, que ni votaron ni depositaron en Ueno.
“Un banco se cae en Asunción y el costo llega a Buenos Aires con nombre y recibo de sueldo: mil suspendidos y más de 900 sin indemnización. La quiebra ajena también se cobra en el trabajo propio.”
