Colapinto se baja de la FP1 en México, y el reglamento lo manda a esperar su turno
El argentino cede su auto a un novato por una norma de la FIA. Con tres abandonos en cuatro carreras, cada vuelta que le queda en Ciudad de México pesa más.

El viernes, cuando se apaguen los semáforos de la primera práctica en el Autódromo Hermanos Rodríguez, Franco Colapinto va a estar mirando. El auto de Alpine lo maneja el italiano Gabriele Minì. No es una decisión del equipo ni un castigo: es una norma de la FIA que obliga a ceder esos turnos a pilotos jóvenes.
La regla alcanza a diez novatos en esa sesión, y Minì es uno de ellos. Tiene sentido para la categoría, que así forma su relevo. Pero para el piloto titular significa perder una sesión de pista en un circuito de altura, donde cada vuelta sirve para ajustar el auto. Colapinto vuelve a subirse en la segunda práctica del mismo día, y esa sesión es la que lo deja llegar a la clasificación con algo de información.
Llega, además, con una racha incómoda: tres retiros en las últimas cuatro fechas. Cuando el calendario aprieta, terminar carreras es lo que le da a un piloto kilómetros, datos y argumentos para quedarse en su lugar. Por eso este fin de semana le pide algo concreto: ver la bandera a cuadros.
Ahí entra lo que el propio Colapinto dijo del circuito. Según contó, las características de Ciudad de México, con altura y curvas lentas, podrían favorecer a Alpine. Un trazado así mueve el reparto de fuerzas en la parrilla y acerca puntos que otros días parecen lejos. Es una ventana, y se abre justo cuando le sacan un turno de práctica.
La otra pieza es el plan del equipo. Alpine decidió cortar el desarrollo del auto de esta temporada y concentrarse en el monoplaza de 2027. Para un piloto, eso es correr con una máquina que ya no va a mejorar, atado a un proyecto que todavía no existe. Cada carrera que le queda al auto actual deja de ser una etapa de progreso y pasa a ser una vidriera.
En esa vidriera hay más gente de la que parece. Colapinto y su compañero Pierre Gasly se acercaron esta semana al estadio de los Diablos Rojos, el equipo de béisbol mexicano, y se animaron a batear. Es promoción previa al Gran Premio, en una ciudad donde ese deporte tiene tradición. Pero también es la cara visible del oficio: mientras el auto se decide en los boxes, el piloto hace de embajador.
Se juntan, entonces, tres cosas que parecen sueltas: una regla que lo saca de una práctica, un circuito que podría sentarle bien al equipo y un auto que ya no se desarrolla. Las tres apuntan a lo mismo. En un año de transición, el lugar de Colapinto para 2027 no depende de lo que mejore el auto, porque ya no mejora: depende de lo que él haga con el que tiene.
Es una lógica que cualquiera conoce desde el trabajo. Cuando el proyecto grande ya está puesto en el año que viene, lo que se evalúa es qué hace cada uno con lo que hay hoy. Colapinto tiene una segunda práctica, una clasificación y una carrera para mostrar que puede terminar lo que empieza, en una pista que, según él, puede jugarle a favor.
“Cuando el equipo ya mira el año que viene, al piloto no lo juzgan por lo que mejora el auto, sino por lo que hace con el que le quedó. Pasa en la Fórmula 1 y pasa en cualquier trabajo.”
