Los trabajadores más jóvenes se adaptan mejor a la IA, y los mayores pierden lo que sabían hacer
“Veinte años de oficio pueden valer menos que un curso nuevo: la experiencia se mide ahora en cuánto aprendés a usar la herramienta.”
Durante décadas, la experiencia fue una especie de ahorro: cuanto más años de oficio, más valía una persona en su empresa. La incorporación de inteligencia artificial altera esa cuenta. Un análisis que compara cohortes de trabajadores antes y después de la llegada de estas herramientas encuentra que el orden se invierte: el conocimiento que alguien juntó en veinte o treinta años puede quedar sin traducción en el sistema nuevo, mientras que quien llega con menos recorrido, y menos hábitos que desarmar, se acomoda más rápido.
El punto fino está en cómo se vuelve útil lo que una persona sabe. Cuando una empresa codifica su pericia en un sistema, ese saber deja de ser patrimonio de quien lo ejerce y pasa a ser patrimonio de la organización. El veterano que resolvía problemas de memoria, con criterio y olfato, se encuentra con que ese criterio ya está en una herramienta que otro maneja mejor. Y adaptarse tiene un costo: horas de aprendizaje, tolerancia a empezar de cero, tiempo que no sobra cuando hay una familia que sostener.
En la Argentina esto cae sobre un terreno sensible. Trabajos de la UADE (2026) sobre multinacionales instaladas en el país señalan que la fuga de conocimiento es hoy una de las grandes preocupaciones de las organizaciones, en un contexto de alta rotación. Y estudios de la UCA (2026) sobre movilidad ocupacional entre generaciones muestran que la trayectoria laboral de cada cohorte está atada a su acceso a la seguridad social. Quien tiene 50 años y un oficio sólido no solo arriesga su lugar: arriesga el tramo de su vida laboral que sostiene su aporte y su futura jubilación.
La conclusión es que la tecnología no reparte sus costos en partes iguales: los cobra a quienes menos margen tienen para pagarlos. Una transformación bien hecha no se mide solo por lo que la empresa produce después, sino por lo que hace con el saber que ya tenía. Descartar ese saber sale caro, aunque la factura llegue tarde; usarlo para enseñarle al sistema lo que los datos no saben es la diferencia entre modernizarse y simplemente reemplazar.
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