Israel vota sin mayoría a la vista y la espera de una guerra cruza el mundo hasta acá
Con un Parlamento trabado en los sondeos, la espera por Irán, las rutas marítimas y el gas llegan hasta acá antes que cualquier resultado.

Israel llega a las urnas el martes 27 de octubre con más de siete millones de personas habilitadas para elegir los 120 escaños del Knesset. Los sondeos coinciden en un punto: nadie llegaría a los 61 necesarios. Gadi Eisenkot encabeza las encuestas frente al Likud de Netanyahu, pero ni su bloque ni el del primer ministro tendrían mayoría.
Ese dato, el del Parlamento sin dueño, pesa más que el nombre del ganador. Un resultado así obliga a negociar coaliciones entre partidos que hoy no tienen acuerdos, y esas negociaciones se abren con el tema Irán sobre la mesa. Además, se conoció que Netanyahu y el jefe del Estado Mayor discreparon en reuniones de gabinete sobre los pasos a seguir frente a Teherán. La información no trae fechas ni detalles de cada posición.
La campaña cierra con tres frentes abiertos: la ofensiva en Hebrón, dentro de Cisjordania ocupada; una propuesta poco habitual de recurrir a criptomonedas para esquivar sanciones; y nuevas advertencias contra Irán. Cientos de personas protestaron para exigir una investigación independiente del 7 de octubre. Donald Trump pidió votar por Netanyahu y "terminar el trabajo" contra el régimen iraní.
Del otro lado de esa frase hay gente que no vota. Estados Unidos e Israel elaboraron planes para retomar los bombardeos sobre Irán, y millones de iraníes, cansados de la guerra, organizan su trabajo, sus traslados y sus familias alrededor de un ataque sin fecha. La espera ya es parte de la vida cotidiana, aunque todavía no haya caído una bomba.
En paralelo, delegaciones de Arabia Saudí, Pakistán y Turquía se reúnen en Teherán para evitar un choque con Israel. En esa agenda figuran la guerra en Yemen y los ataques hutíes, que ya obligaron a desviar barcos. Si el diálogo fracasa, advierten, quedan afectadas las rutas comerciales y los precios de la energía.
Predecir qué pasa después es más difícil de lo que parece. Investigadores de la Universidad de Tel Aviv analizaron más de un millón de pronósticos de personas que apuestan dinero según lo que creen que va a ocurrir. El conjunto suele acercarse mucho al resultado real, pero no en todos los temas, y en conflictos internacionales y elecciones el margen de error sigue siendo grande. Para quien mira desde acá, el estudio dice algo útil: nadie sabe hoy cómo termina la semana, ni siquiera los que apuestan plata.
Ese margen de error choca con una decisión doméstica de estos días. El Gobierno reglamentó el Régimen de Zona Fría, que sigue vigente hasta 2031, e incorporó controles adicionales. También definió qué ciudades pierden el subsidio que reducía la factura de gas en inviernos largos, y para esos hogares el gasto sube de forma directa.
Los dos hechos no se causan entre sí, y ninguna de las fuentes dice que Hebrón cambie una factura. Pero se superponen. Mientras la región donde se juegan las rutas y la energía entra en una espera sin fecha, en varias ciudades argentinas el escudo contra el costo del gas se achica. El riesgo viene de afuera y el colchón se reduce adentro, ambos en la misma semana.
“La guerra que no empieza también cuesta: se paga en planes que no se pueden hacer, en rutas desviadas y en un colchón que acá se achica.”
