Helga Duffy cruzó el ala de un avión a los 99 años: la edad no cerró esa puerta
Una británica batió un récord mundial caminando sobre un ala en pleno vuelo y recaudó fondos para una ambulancia aérea. Su marca pone en duda a quién le toca el riesgo.

Helga Duffy tiene 99 años y, hace poco, salió al ala de un avión en pleno vuelo y la cruzó. Con eso se convirtió en la persona de mayor edad en completar ese desafío y quedó anotada en el récord mundial. El reto lo había visto antes en televisión, en otra mujer que lo hizo, y de ahí le nació la idea.
No lo hizo por la marca. Lo hizo para juntar plata: lo recaudado va a un servicio de ambulancia aérea, el que traslada pacientes cuando hay una emergencia y el tiempo manda. Es decir, una mujer de casi cien años se subió a un ala para financiar algo que le sirve a gente que ni conoce.
El dato es raro por el lado de la edad. Este tipo de desafíos, según el registro, fue siempre terreno de deportistas jóvenes y de profesionales del riesgo. Helga no era ninguna de las dos cosas. Era una persona común con una idea y una causa, y esas dos cosas alcanzaron.
Ahí aparece un cruce que casi nadie hace: la misma semana en que una mujer de 99 años hace lo que se creía reservado a los jóvenes, un estudio sobre trastornos de la conducta alimentaria muestra el otro costado del mismo asunto. Esos trastornos crecieron 71% entre 1990 y 2023. Dos noticias que parecen de mundos distintos hablan de lo mismo: qué cuerpo se considera capaz y cuál se considera un problema.
En la Argentina, investigaciones recientes ya miran ese terreno. Un estudio de UFlo de 2026 indagó el riesgo de anorexia, bulimia y ortorexia asociado al uso constante de redes sociales en la adultez emergente. Otro de la Fundación H. A. Barceló, de 2026, estudió el riesgo de ortorexia y vigorexia en personas mayores de 18 años que van a gimnasios en Resistencia, Chaco. En ambos casos, la mirada sobre el cuerpo viene de afuera: de la pantalla, del espejo, de la medida de lo que se debe parecer.
Helga representa lo contrario. Nadie le pidió que se viera de una manera. Usó su cuerpo para hacer algo y para ayudar a otros. Su marca no se mide en kilos ni en músculos, sino en una distancia: el largo de un ala.
Para quien lee, la utilidad es concreta. Si un cuerpo de 99 años puede cruzar un ala en vuelo, la pregunta práctica no es cuántos años tiene el tuyo, sino qué le estás pidiendo que haga. Un cuerpo valorado por lo que logra es un cuerpo tratado distinto que uno valorado por cómo se ve, y los números de los trastornos alimentarios muestran cuánto cuesta la segunda forma de mirarlo.
La historia de Helga no necesita moraleja. Tiene principio, que es la imagen en la televisión; nudo, que es el ala y el viento; y final, que es el récord y la ambulancia que va a poder volar gracias a ella.
“El cuerpo que cruza un ala a los 99 años y el que se mira al espejo con angustia son el mismo. Lo que cambia es si lo usamos para hacer algo o solo para que nos juzguen.”
