El chef Jesús Sánchez explica cómo preparar pimientos del piquillo rellenos de bacalao cremoso
“Cocinar el bacalao en leche en lugar de agua cambia todo: el relleno queda cremoso sin necesidad de crema de leche.”
Cocinar el pescado en leche y no en agua cambia la textura final. El bacalao desalado, llevado a fuego bajo en leche con un poco de patata y ajo, suelta su gelatina y sus almidones, y esa mezcla liga sola hasta volverse una crema. Es el mismo principio de la salsa bechamel o del puré, pero con el sabor del pescado adentro. Así, el relleno de unos pimientos del piquillo queda untuoso sin sumar crema de leche, manteca ni harina.
Lo que se aprende de esta receta sirve mucho más allá del bacalao. La cremosidad no hace falta comprarla: se obtiene aprovechando lo que ya hay en la cacerola. La patata aporta almidón, la leche aporta proteínas y grasa suave, y el calor lento hace el resto. Es una lógica que viene de la cocina de casa, donde se rinde lo que hay y se cuida el bolsillo, y por eso funciona igual con merluza, abadejo o cualquier pescado blanco.
Algo parecido se estudia hoy en laboratorios argentinos. La Universidad Nacional de Luján trabajó en 2026 sobre formulaciones alternativas de rellenos para pastas frescas con el objetivo de abaratar costos, sin resignar el resultado. La cocina de autor y la investigación aplicada coinciden en el mismo punto: con una buena técnica se logra lo que otros resuelven sumando insumos caros.
Para una mesa argentina, con pastas y empanadas como rutina semanal, la enseñanza es directa: casi todo lo que se rellena admite una base que ligue sola. Un buen relleno depende más del punto de cocción y de la proporción entre almidón y líquido que de lo que se agregue al final. Quien domina ese equilibrio una vez lo usa toda la vida, y por eso una receta de pimientos termina siendo un método para cualquier relleno.
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