Un investigador del CONICET gana premio por una técnica para operar epilepsias rebeldes
“Operar una epilepsia que no cede a los fármacos no es un lujo técnico: es devolverle a alguien los días que le robaban las crisis.”
Hay una franja de la epilepsia que la medicación no alcanza: personas que probaron los fármacos disponibles y siguen teniendo crisis. Para ellas la cirugía no es una opción más sino la última puerta, y de qué tan bien se opere depende si esa puerta se abre o no. Por eso un desarrollo orientado a optimizar esas intervenciones toca un punto concreto: la precisión con que se decide dónde y cuánto intervenir.
El proyecto distinguido en el Premio Merck–CONICET 2026 lo lidera Mariano Fernández Corazza, investigador del Instituto de Investigaciones en Electrónica, Control y Procesamiento de Señales, que depende del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata. Conviene fijarse en ese origen: no sale de un laboratorio de medicina clínica sino de la ingeniería de señales. Es una ciencia argentina que resuelve un problema de salud desde la electrónica y el procesamiento de datos, y esa mezcla de disciplinas suele ser donde se destraban los problemas que cada una por separado deja a medias.
Para quien convive con la epilepsia, o tiene a alguien cerca que la padece, las crisis marcan lo cotidiano: manejar, trabajar, quedarse solo en casa. Una operación mejor planificada apunta a eso, a devolver autonomía en lo más simple de la rutina. Es una mejora que se mide en tardes tranquilas, no en titulares.
Falta, sin embargo, el tramo más largo. Un premio reconoce una idea prometedora; no certifica que funcione en un quirófano ni dice cuándo llegaría a los hospitales públicos y privados. Entre una cosa y la otra suelen pasar los años de validación clínica, y es ahí donde se define si una innovación local se queda en vitrina o termina cambiando la vida de la gente.
La conclusión es simple: la medida de un premio científico no es la ceremonia sino el día en que la técnica llega a un paciente que ya no tenía a dónde ir. Hasta que eso ocurra, lo que se celebra es una posibilidad, y vale la pena seguirla de cerca.
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