Un inversor damnificado apela el sobreseimiento de Javier Milei en la causa $LIBRA
“Un sobreseimiento se discute en un despacho, pero quien perdió su dinero en el token se queda esperando la justicia que no llega.”
Cuando una causa penal se cierra antes de que alguien pueda contar lo que perdió, la discusión deja de ser sobre culpables y pasa a ser sobre quién tiene derecho a seguir preguntando. Eso es lo que está en juego en la apelación al sobreseimiento de diez imputados, entre ellos el Presidente y su hermana: no solo si el fallo se sostiene, sino si un inversor que compró un token y perdió su dinero puede discutirlo ante un tribunal superior.
El dato procesal es decisivo. Quienes recurren se presentaron como querellantes, y la Cámara de Casación Penal ya tiene en estudio una queja por haber sido apartados del caso. En la práctica, antes de debatir si hubo delito, hay que resolver si el damnificado es parte del expediente o apenas un espectador. Un segundo recurso similar viene en camino, lo que muestra que no es una queja aislada sino un reclamo de acceso.
El cruce con la vida diaria es directo. Un inversor chico no tiene equipo de auditores ni acceso a la información que manejan los que arman la operación. En la Argentina, donde cada vez más gente busca alternativas para cuidar sus ahorros, como analizan trabajos recientes de la Universidad Católica de Cuyo (2026) sobre riesgo y accesibilidad, la única protección real del que pone plata sin ser experto es que exista una instancia donde su reclamo sea escuchado y la investigación se agote.
Si el sobreseimiento se confirma, los damnificados quedan sin una vía judicial inmediata. Si se revoca, la investigación se reabre. Pero más allá del resultado, queda una referencia: la confianza en un mercado no depende solo de que no haya fraude, sino de que quien sospecha haber sido víctima pueda llegar a un juez sin que alguien decida por él que no hay nada que mirar.
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