Tres mujeres dirigen por primera vez los tres poderes de la República de Costa Rica
“Cuando tres mujeres ocupan a la vez el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, cambia lo que una niña puede imaginar para su futuro.”
Que las tres cabezas del Estado costarricense —Ejecutivo, Legislativo y Judicial— estén hoy en manos de mujeres no es solo una foto histórica: es la señal de que el techo dejó de ser una frase hecha y pasó a ser una pared que se pudo atravesar tres veces al mismo tiempo. Cada poder se llega por un camino distinto: el voto popular, la banca elegida por el pueblo y la carrera dentro de la magistratura. Que coincidan en un mismo momento dice que el cambio no vino de un lugar solo, sino de todo el sistema a la vez.
Costa Rica no es un caso aislado en un vacío. En buena parte de América Latina las mujeres ya llegaron a presidir países, cámaras y cortes, pero casi siempre de a una, y casi siempre como excepción que se celebra y se cuenta como proeza individual. Lo que cambia acá es la simultaneidad: cuando son tres a la vez, deja de ser un hito personal y empieza a parecer una regla que se está instalando.
Eso importa en la vida de todos los días mucho más de lo que parece. Una nena que crece viendo que quien firma las leyes, quien las ejecuta y quien las interpreta puede ser alguien como ella no necesita que le expliquen qué cargos le están permitidos: lo da por hecho. Y lo que una generación da por hecho es lo que la siguiente ya no tiene que pelear. Lo mismo vale para los varones, que crecen con otra idea de quién conduce.
Un récord se rompe; una costumbre se hereda. La verdadera vara no es que esto haya ocurrido por primera vez, sino que deje de llamar la atención. Cuando el país mire esa composición del poder y no sienta que hay nada para señalar, ahí el cambio habrá terminado de pasar.
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