Vecinos de un barrio del conurbano bonaerense viven en alerta por reiterados ataques de quemacoches
“Cuando el fuego se repite frente a casa, el miedo ya no es de un auto: es de la familia que no duerme tranquila en su propio barrio.”
Cuando el fuego se repite sobre autos estacionados en la calle, el daño deja de ser un hecho aislado y se convierte en una amenaza que vive en la puerta de cada casa. Los vehículos quemados implican pérdidas económicas difíciles de recuperar para familias que dependen de su auto para trabajar o llevar a los chicos a la escuela. Mientras los incendios no se detengan, los vecinos cargan con el costo de vigilar de noche y con la sensación de que nadie los protege. La pregunta que queda flotando es cuánto tiempo puede sostenerse un barrio en alerta antes de que la tranquilidad deje de ser algo que se pueda recuperar.
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