Un estudio del Royal Veterinary College ubica al gato burmés como la raza felina más longeva
“No todas las razas de gato envejecen igual: quien elige mascota también elige cuántos años de compañía puede esperar.”
Lo que mide este trabajo del Royal Veterinary College de Londres, hecho junto a la Universidad Nacional Chung Hsing de Taiwán, es algo que casi nadie se pregunta antes de llevarse un gatito a casa: cuántos años de convivencia trae cada raza. El gato burmés aparece en lo más alto de la tabla, y el estudio identifica además qué factores empujan la longevidad hacia arriba o hacia abajo.
Elegir mascota suele ser una decisión de ojo: el color, el pelaje, la cara que nos mira desde una vidriera o una publicación. Pero un gato es un compromiso que puede acompañar a una familia durante dos décadas de la vida de los chicos, de mudanzas, de cambios de trabajo. Saber que no todas las razas envejecen igual convierte la elección en una cuenta a largo plazo, y esa cuenta cambia la pregunta: ya no es cuál me gusta más, sino con cuál me comprometo y por cuánto tiempo.
Hay un dato que conviene no perder de vista: la genética pone el piso, pero no lo decide todo. La alimentación, el control veterinario periódico y el ambiente en el que vive el animal pesan en el resultado final. Y eso se resuelve puertas adentro, en el plato de comida, en la vacuna que se aplica a tiempo, en el departamento donde el gato duerme y juega.
En la Argentina, donde la tenencia de mascotas está metida en la mayoría de los hogares y la veterinaria de barrio es casi una institución, esta lectura tiene un costado muy concreto. La longevidad de un gato se parece menos a un sorteo de nacimiento que a una suma de cuidados cotidianos.
La conclusión que queda es simple y sirve para cualquier gato, de raza o mestizo: la raza marca una tendencia, pero la cantidad de años que vive la termina escribiendo quien lo cuida.
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