Un contratista del Gobierno de EE.UU. fue arrestado por el FBI por presuntas filtraciones de secretos militare
“Cuando el acceso a secretos se delega en contratistas, la línea entre proteger al Estado y castigar a quien habla se vuelve peligrosamente difusa.”
El caso pone en juego el acceso de contratistas a información clasificada, un perímetro que el Estado suele presentar como cerrado. Si la acusación prospera, cada empleado con credenciales de seguridad queda expuesto a responder penalmente por lo que comparte, aunque su intención sea difundir algo de interés público. La Ley de Espionaje, pensada para otros contextos, vuelve a ser el instrumento central. El lector que se pregunta quién controla el secreto de Estado encuentra aquí una respuesta incómoda: la frontera entre denunciante y espía depende de quién la dibuja.
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