Toshisuke Kanazawa, fisicoculturista japonés de 90 años, causa furor en España
Un hombre de 90 años que sube a un escenario de fisicoculturismo, entre competidores décadas más jóvenes, desarma una idea que casi todos damos por cerrada: que el cuerpo tiene una fecha de vencimiento para el esfuerzo. Toshisuke Kanazawa no ganó en la categoría +50, y justamente por eso su caso es más interesante. Nadie lo mira por el trofeo, lo mira por lo que su presencia insinúa.
Lo que insinúa es que gran parte de lo que llamamos vejez es, en realidad, desuso. Dejamos de cargar peso, dejamos de movernos con intención, dejamos de comer con criterio, y después le atribuimos al calendario lo que hizo la costumbre. El músculo responde al estímulo a cualquier edad; lo que cambia es cuánto tiempo y cuánta constancia hacen falta para sostenerlo, y eso lo sabe cualquiera que haya vuelto al gimnasio después de un par de años de abandono.
Por eso la curiosidad por su dieta es comprensible pero engañosa. Se busca el secreto en el plato, como si hubiera un alimento o una fórmula que explicara todo. Lo que explica un cuerpo así es la suma aburrida de décadas: comer parecido todos los días, entrenar aunque no haya ganas, dormir, repetir. Nadie llega a los 90 en un escenario por una receta; llega por una rutina que dejó de ser esfuerzo para volverse identidad.
En una Argentina que envejece y en un mundo que vive más años de los que sabe cómo usar, la pregunta práctica no es cuánto vamos a vivir sino en qué condiciones vamos a transitar esos años. Subir las escaleras sin pensarlo, cargar las bolsas, levantarse de una silla sin ayuda: eso es lo que se juega, mucho más que una vitrina de músculos.
La conclusión es simple y incómoda: la vejez que tengamos se arma bastante antes de llegar a ella, y cada hábito sostenido hoy es un anticipo de la autonomía de mañana.
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