Se inauguró la ofrenda monumental de Día de Muertos en el Zócalo de la CDMX con una megacatrina
“Una imagen que todos reconocen puede esconder a quien la creó: honrar una cultura también es preguntarse quién se quedó sin nombre.”
La Catrina que hoy mide metros en el Zócalo nació como un dibujo de apenas unas líneas, hecho para criticar a quienes se avergonzaban de su origen y querían parecer lo que no eran. Su autor, José Guadalupe Posada, grabó en metal para la prensa popular de su tiempo y casi nunca firmó con fama. Que la ofrenda de este año vuelva a él, y no solo a la calavera, obliga a mirar de quién es una imagen cuando se vuelve de todos.
Ese es el recorrido de casi cualquier símbolo potente: lo crea alguien anónimo para su oficio, lo adopta la calle, lo toma la cultura oficial y termina convertido en emblema de un país. La Catrina hizo ese viaje completo. Hoy convoca a millones de visitantes cada año y funciona como una de las marcas culturales más reconocibles de México, mucho más allá de lo que Posada pudo imaginar.
Acá lo conocemos de cerca. En el Río de la Plata sabemos lo que es que una música nacida en los arrabales termine en vidrieras de exportación, o que un mate compartido pase a ser postal turística. Las tradiciones populares viven de esa tensión: cuando se vuelven espectáculo ganan alcance, pero corren el riesgo de perder a quienes las inventaron. Los vínculos culturales entre México y la Argentina no son nuevos; las investigaciones sobre la misión diplomática de Alfonso Reyes en Buenos Aires entre 1927 y 1930, por ejemplo, muestran cuánto circularon ideas y figuras entre ambos países cuando la cultura era también una forma de hacer política exterior.
Por eso la obra del Zócalo vale más como pregunta que como postal. Una tradición sobrevive cuando se la celebra sabiendo de dónde viene, y se desdibuja cuando se la reduce a una imagen que todos reconocen y pocos saben explicar. Reponer el nombre de quien dibujó la calavera es la mejor manera de que el homenaje a los muertos no termine enterrando también a sus autores.
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