Se conoció el programa del World AI Film Festival, con obras de siete países en Buenos Aires
“Ver la inteligencia artificial haciendo cine en vivo obliga a preguntarse qué es crear cuando la máquina también participa del gesto.”
Durante años, la inteligencia artificial en el cine fue un tema de titulares: algo que pasaba en otro lado, en estudios lejanos, y que se discutía sin haberlo visto. Que Buenos Aires reciba ahora once actividades, obras de siete países y cinco experiencias interactivas en vivo cambia el terreno: la discusión deja de ser abstracta y pasa a tener butacas, pantallas y gente opinando al salir.
Lo que se pone a prueba no es la tecnología, que ya existe, sino una pregunta vieja con ropa nueva: qué es autoría. Cuando una máquina propone una imagen, un guion o un sonido, quien dirige pasa a elegir, descartar y dar sentido, igual que un montajista frente a cien horas de material. El oficio no desaparece, se desplaza hacia el criterio. Y el criterio es justamente lo que un festival le enseña a un público: a distinguir una obra que dice algo de un truco que solo impresiona.
Hay además un dato que pasa inadvertido: es la primera vez que el país tiene un evento audiovisual hecho con IA. Las primeras veces fijan el lenguaje con el que después se habla de algo. Si la conversación local arranca desde la experiencia y no desde el miedo o la fascinación importada, se va a poder discutir con fundamento qué se le pide a esta herramienta en la producción, en la educación y en el trabajo de quienes viven de contar historias.
La conclusión es simple: una tecnología deja de ser amenaza o promesa cuando la gente la tiene enfrente y puede juzgarla con sus propios ojos. Esa opinión formada, y no el panel ni el comunicado, es la que va a quedar como referencia cuando dentro de unos años alguien pregunte cómo empezó esto en la Argentina.
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