Los pigmentos de los peces fósiles de hace 300 millones de años muestran cómo evolucionaron los vertebrados
“Los fósiles de 300 millones de años guardan el color de sus dueños: la historia de la vida también se escribe con pigmento.”
Casi nada de lo que vivió en la Tierra hace cientos de millones de años conserva su color. La piel, las plumas y las escamas se pudren y lo que queda es hueso, forma, silueta. Por eso importa que en peces de hace 300 millones de años sobrevivan los melanosomas: gránulos diminutos cargados de melanina cuya forma, ubicación y cantidad se mantuvieron a través del tiempo geológico. Investigadores de University College Cork encontraron que esos rasgos están ligados a la evolución de los peces, y que estos gránulos habrían sido piezas clave en la historia de los vertebrados desde que los grandes grupos de peces surgieron, hace unos 445 millones de años.
El hallazgo cambia el tipo de pregunta que se le puede hacer a un fósil. Hasta ahora, un hueso decía cuánto medía un animal y cómo se movía. Un pigmento permite empezar a decir cómo se veía, qué tan expuesto estaba a la luz, si se camuflaba o se exhibía. La biología de un animal deja de ser solo estructura y pasa a tener también apariencia y conducta, y eso se reconstruye con evidencia, no con imaginación.
Hay además una lección sobre la paciencia de la ciencia. En Argentina, universidades como la de Córdoba trabajan con vertebrados fósiles de las terrazas del Paraná en Entre Ríos y con el daño que la luz sostenida produce en la retina. Son líneas que parecen lejanas entre sí, pero comparten el mismo suelo: la luz como fuerza que moldea tejidos vivos, hoy y hace millones de años. Estudiar cómo los ojos y sus pigmentos se defienden de la luz en un laboratorio y leer esos mismos pigmentos en una roca son dos puntas de una misma pregunta.
La conclusión es simple: el pasado profundo no está borrado, está guardado en estructuras mínimas que recién ahora sabemos leer. Cada vez que una técnica nueva rescata un dato donde parecía no haber nada, queda claro que lo que consideramos perdido muchas veces solo estaba esperando la herramienta correcta.
Ver el trabajo original en Phys.org ↗