«La Virgen de la Tosquera» avanza hacia los Oscar
“Una película argentina de terror en la puerta de los Oscar dice algo nuevo: lo que nos da miedo también puede ser nuestra mejor exportación.”
Que una película argentina de terror quede en carrera hacia los Oscar dice algo más que una buena noticia para el cine nacional: dice que el miedo hecho en casa dejó de ser un género menor. Durante décadas, lo que nos asustaba en pantalla venía de afuera, con paisajes y mitos que no eran los nuestros. «La Virgen de la Tosquera» trabaja al revés: toma lo propio, lo conocido, y lo vuelve inquietante.
Ahí hay una tradición más larga de lo que parece. El terror funciona mejor cuando se apoya en un lugar y en una creencia que el espectador reconoce: la devoción popular, el pozo de agua en medio del descampado, el barrio que todos pasaron mil veces sin mirar. Eso que se ve todos los días y nadie cuestiona es exactamente la materia con la que el género construye su efecto. La tosquera no necesita efectos especiales; ya es un lugar donde la gente sabe, sin decirlo, que conviene no acercarse de noche.
El camino a los Oscar, además, no se mide solo en estatuillas. Entrar en la conversación previa significa que la película circula, que se la programa, que se la discute y que otros productores miran qué se hizo y con qué recursos. Para una industria que siempre filmó con presupuestos ajustados, la visibilidad internacional es una forma de financiamiento: abre puertas a coproducciones y a nuevas historias que no tengan que pedir permiso para ser incómodas.
Queda una conclusión para guardar: una sociedad se conoce por lo que le da miedo. Cuando el cine de un país se anima a filmar sus propios monstruos, en vez de importar los ajenos, está haciendo un ejercicio de identidad. Que el mundo lo mire con atención confirma que lo local, bien contado, nunca fue un límite sino el punto de partida.
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