Bunge cerró su planta de fertilizantes de Campana y dejó a 200 trabajadores sin empleo
“Cuando una planta que fue la primera del país cierra, perdemos trabajo calificado y también la capacidad de producir lo que comemos.”
Una fábrica fundada en los años 60, la primera de fertilizantes del país, deja de producir porque importar desde China sale más barato que hacerlo en Campana. La cuenta de la empresa es correcta en una planilla. Lo que esa planilla no mide es lo que queda afuera: 200 trabajadores formados, con un salario promedio de unos 5 millones de pesos, y el único productor local de un insumo que el agro necesita todos los años.
Un fertilizante no es un producto cualquiera. Es el paso previo a cada cosecha, y quien lo fabrica define en buena medida a qué costo se siembra. Cuando se cierra la última planta, el país no pierde solo empleo: pierde capacidad de decidir. De ahí en más el precio llega desde afuera, con el tipo de cambio, el flete y los humores del mercado internacional incluidos, y no hay alternativa local a la cual recurrir cuando suben.
El golpe tampoco viene aislado. En General Lagos, una química alemana pasa de cuatro a tres turnos y abre retiros voluntarios, y el gremio ya expresó su preocupación. Dos plantas, dos provincias, la misma lógica: producir acá compite contra producir en cualquier otro lugar del mundo, y cada vez más seguido gana el otro lugar. Las investigaciones universitarias sobre cadenas globales de valor, como las que se hicieron en la UNSAM, vienen mostrando hace años que integrarse a esas cadenas suele tener un costo en el empleo, y que ese costo no se reparte parejo.
En una localidad como Campana, una planta así sostiene mucho más que su nómina: el comercio de la zona, los proveedores, los oficios que se transmiten de un turno a otro. Un salario de ese nivel no se reemplaza con lo que ofrece el entorno, y la experiencia técnica acumulada durante décadas no se recupera una vez que se dispersa.
Importar es barato mientras el mundo lo permite. Un país que deja de fabricar lo que su principal actividad necesita ahorra hoy y paga después, en dependencia. El costo de una fábrica cerrada nunca figura en la factura de la importación, pero siempre llega.
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