Abbott acusa a Hinojosa de estar más a la izquierda que Talarico en la recta final de Texas
“Una campaña que compara a una candidata con su rival del mismo partido busca encasillarla antes de que el votante escuche sus propuestas.”
En una elección cerrada, lo que se discute en las últimas semanas rara vez es el programa: es el casillero donde queda ubicado cada candidato. Poner a Gina Hinojosa a la izquierda de James Talarico, un rival de su propio partido en la contienda por el Senado estatal, cumple una función precisa: le asigna una etiqueta antes de que la gente escuche una sola propuesta.
Texas es un estado que los demócratas intentan volver competitivo desde hace años, y en un territorio así el mapa ideológico pesa más que el detalle de cada plan. Quien logra que la conversación gire en torno a quién está más lejos del centro no necesita refutar medidas concretas: le alcanza con que el votante indeciso sienta distancia. Y la distancia, en la recta final, se instala más rápido que cualquier explicación.
Esto no es exclusivo de Texas. Pasa en cualquier lugar donde el voto se decide por pocos puntos: la campaña se parece menos a un debate de ideas y más a una disputa por la definición del adversario. Lo mismo se ve, en escala chica, cada vez que alguien en una ciudad argentina es postulado para un cargo que dice no querer: la sola mención ya lo coloca en un lugar, y desmentirla lleva más esfuerzo que haberla lanzado.
La referencia que queda es esta: en política, el que define primero al otro suele ganar el encuadre, y el encuadre ordena todo lo que viene después. Las propuestas se leen a través de la etiqueta, no al revés. Por eso, para entender una campaña en su tramo final, conviene mirar menos lo que cada candidato promete y más cómo logró que se hable de él y de su rival.
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